
Eso que queda en el tintero.
La recopilación es para mí una empresa habitual. Recojo discos, libros, objetos llamativos, historias ajenas, buenas y malas impresiones. En los últimos años, también me he ido abarrotando de cuadernos, anotaciones, ideas y textos; finalizados o incompletos, es decir, cosas que dejé en el tintero, hace ya bastante tiempo.
Este proyecto tampoco es nuevo. Entre los años 2004 y 2006 estuve trabajando en una maqueta que recopilaba una serie de relatos dispersos y dibujos, objeto que fue devorado por un clúster defectuoso de un disco duro y fagocitado por la informática, según el técnico: “Irrecuperable”.
Entonces las mudanzas y los cambios son como micro-eventos arqueológicos que permiten reencontrarse a uno mismo con sus propios archivos mentales y estantes físicos. Pude recobrar parte de esos textos, impresiones de prueba, páginas corregidas, borrones sin cuenta nueva, que me hicieron reimaginar la idea de esta iniciativa tan distante e inconclusa.
En mi cabeza, esa propuesta siempre tuvo un apelativo claro: “En el tintero…” —así, con puntos suspensivos— de modo que este sitio me remonta inevitablemente a una época de infinitos ímpetus y entusiasmos, que se reavivan en un sitio que espero sea; más que una recopilación, un lugar escrito desde el tintero del corazón.
N.