Asedios a Robert Smith

thecure.com

2026

#Narrativa.

Robert Smith deambulaba en mi barrio, aunque no precisamente cantando. Me lo topé un día en la mañana camino al trabajo, mientras él barría la plaza, con una tranquilidad que ya quisiera tener. Lo saludé en inglés y él me hizo un gesto, nos tomamos una foto y me fui feliz de haberlo visto.

Esa misma tarde hallé a Robert en la peluquería, haciéndose un peinado. Platicamos de música, cómo no, estaba emocionado que supiera de él y que me aprendiera con facilidad las letras de las canciones. Mi peinado no quedó tan bien como el suyo.

A veces voy por un café y Robert esta ahí, en silencio, sumido en una soledad que me asombra, pues resulta muy amable al hablarle y siempre tiene historias graciosas e inverosímiles relacionadas al espectáculo o su odio a los periodistas animosos de los talk-show.

Hace un tiempo, al pedir un taxi, noté que Robert conducía, pero este oficio le resultaba menos atractivo y en general se limitaba a comunicarse formalmente: “Buenas noches», «gracias», «de nada», «adiós”.

A todos les parece una coincidencia inverosímil, pero Robert es un ciudadano a pie, que puede estar alimentando las palomas en el parque, vertiendo cerveza en un pub, ganando dinero de las apuestas e, incluso, dando consejos en las iglesias anglicanas que acá abundan.

Con el tiempo he dejado de sorprenderme. Hoy, por ejemplo, no quise saludarlo como de costumbre. Me he dado cuenta que Robert Smith es un nombre muy común en este país.